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Perniciosa - Nathan Dumlao @nate_dumlao.

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(@nate_dunlao)

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The Novel of Independence

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By Hector Peña Diaz
Americas magazine
Organization of American States
Washington, DC, Dec. 2010

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‘La perniciosa incertidumbre. Memorias de Fermin Donaire’ ('Pernicious Uncertainty. The Memoirs of Fermin Donaire',) by Alfredo Arango and Juan Lara, is a novel that leaves readers certain of one thing: the uselessness of war and the frequency with which the failure of ideas is justified by appealing to violence. The story follows the rear guard of Simon Bolivar’s armies and the trail of blood spilled in the name of independence; it is told through the eyes of the wounded and the gravediggers, people living on the line between life and death. The novel reminds us that every battle has invisible stories and that war is led by officers but fought and suffered by the rank and file, soldiers recruited from the heart of society. In the historic birthing of our republics, a countless number of these stories have yet to be told; the memoir of Fermin Donaire is just one of them.

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Donaire, a lawyer who narrates the story, is the private secretary and fellow conspirator of Don Antonio Nariño. His memoirs describe the epic saga of our nations’ emergence into independent life. A second character who stands as a counterpoint to the erudite writer is Cayetano, the healer who is a witness to the suffering and death of soldiers on both sides.

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Fermin Donaire –as author Juan Lara suggests– knew and interacted with almost all of the great figures of the independence movement, but he always kept a low profile so as not to compromise his mission or reveal his name. His memoirs, written from the last years of his retirement on his estate in Guaduas, contain surprising testimony about the dark and passionate episodes in his life and the lives of his cohorts.  Meanwhile, coauthor Alfredo Arango says, “Through Donaire’s story we [also] learn about events witnessed in horror by a gifted nurse who followed the patriotic army in the company of gravediggers, healing wounds and burying the dead. For the first time, we look at our wars of independence, not through the eyes of the generals, but through the eyes of the most humble soldiers sacrificed in these battles.”

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It is difficult to classify this book as a novel; it seems more of a mending of narrative genres. Its pages make room for poetry, letters, chronicles, journals, travel writing, and essays, a whole series of literary expressions that make it unique. As the authors say: “Readers will be surprised to find almost everything that is possible and desirable to find in a work that delves into the reality of our country’s [Colombia] distant past; from recipes for the herbal remedies used in the battlefields, to stories of the true and macabre events of our history that have either been covered up or forgotten.”

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La perniciosa incertidumbre  leaves us with several important thoughts. For one, it reminds us that the independence of our countries was a collective effort that went far beyond the feats of our consecrated heroes. Most of those who participated were humble folk, soldiers from every crack and corner of the land that would soon become the nations of Latin America. At the same time, the book asks serious questions about that glorious and decisive past on whose political and ethical foundations our republics were built. It challenges us with the thought that other independences –those aimed at strengthening equality and democracy– are still pending. 

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La novela de la independencia

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Por Héctor Peña Díaz 

Revista Américas

Organización de Estados Americanos

Washington, DC, Dic. 2010

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‘La perniciosa incertidumbre. Memorias de Fermín Donaire’, de Alfredo Arango y Juan Lara es una especie de novela que después de leerla deja una certidumbre: la inutilidad de la guerra, el fracaso de los ideales con que suele justificarse la apelación a la violencia. La historia rastrea, desde la retaguardia de los ejércitos de Bolívar, el hijo de sangre derramado en las batallas de la independencia a través de los ojos de los enfermeros y los enterradores, unos y otros entre la vida y la muerte; muestra cómo hay una historia invisible en cada batalla, que la guerra la dirigen los oficiales pero la sufre el hombre común; el soldado que viene de la entraña popular. En la cuna histórica de nuestras repúblicas hay una veta infinita de historias por contar; las memorias de Fermín Donaire son apenas una de ellas; y este abogado desde su condición de conspirador y secretario privado de don Antonio Nariño narra y describe en sus Memorias la inmensa epopeya que fue el surgir a la vida independiente de nuestras naciones.

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En la narración hay un contrapunto entre la vida del ilustrado memorialista Fermín Donaire y las aventuras del curandero Cayetano en las muchas batallas en las que ayudó a curar o bien morir a los soldados de ambos bandos. Fermín Donaire, como lo expresa Juan Lara, uno de los autores, “conoció y trató a casi todos los personajes de la gesta independentista, manteniéndose siempre al margen de cualquier figuración que comprometiera su misión o que diera a conocer su nombre. Sus memoras relatan apasionantes episodios de su vida y de la vida de sus allegados, así como de los conflictos de su tiempo. Fruto de una larga, oscura y apasionante vida, su testimonio, redactado desde durante sus últimos años de existencia en el retiro de su quinta de Guaduas, resulta sorprendente”. Mientras que para el otro autor, Alfredo Arango: “A través de la narración de Donaire conocemos los sucesos que presenció con horror un enfermero prodigioso, que seguía al ejército patriota en la compañía de de un grupo de sepultureros, curando heridos y enterrando muertos. Por primera vez nos asomamos a nuestras guerras de independencia viéndolas no a través de los ojos de sus generales, sino a través de los ojos de los soldados más humildes que se sacrificaron en ellas”.  

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La obra es difícil catalogarla como novela. Creo que se trata de una fragua de géneros narrativos. Alberga en sí misma poesía, cartas, crónicas, diarios, relatos de viaje, ensayística y toda una serie de expresiones literarias que le otorgan su singularidad. Como señalan los autores: “Allí los lectores podrán sorprenderse al encontrar casi de todo cuanto es dable y deseable encontrar en una obra que se adentra en la realidad de los lejanos días de nuestra patria, desde un recetario de remedios herbales utilizados en los campos de batalla de esa época, hasta hechos verídicos y absolutamente macabros, que han sido ocultados y olvidados en nuestra historia”.

La perniciosa incertidumbre nos deja varias lecciones que no deben ser olvidadas: la independencia de nuestras repúblicas fue una obra colectiva que trasciende los héroes consagrados, en ella participaron principalmente gente modesta y humilde, soldados todos los lugares y países que después se constituyeron en las naciones de América Latina. Asimismo, interroga a ese pasado glorioso y fundacional sobre las bases políticas y éticas sobre las cuales se erigieron nuestras repúblicas y deja en el aire el desafío de que hay muchas independencias pendientes, sobre todo aquellas destinadas a fortalecer la democracia y la igualdad en el continente americano".

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Héctor Peña Díaz es poeta, crítico, ensayista, experto en derechos humanos, Director de Escarabeo Revista Literaria; y columnista de la revista Americas, de la Organización de Estados Americanos: 

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Otros Comentarios

 

Comentarios de Germán Mejía Pavony durante el lanzamiento de la novela en la librería El Nóbel:


“Es una lectura que me gustó, que me encantó, porque tiene mucho de historia, y porque teniendo profundamente cosas de historia, es una reflexión profunda sobre ese período de la Independencia y es, con todas las libertades que da la ficción, la posibilidad de recrear unos mundos a los que nosotros los historiadores no sólo no estamos acostumbrados, sino que nos negamos siempre la licencia de poderlos crear”.

 

“Fue una grata lectura, en la que me enteré de unos chismecitos de época, que no conocía”.

 

“El fundamento histórico que está respaldando la creación que está en el libro es muy sólido”.

 

“Creo que ésta no es una novela histórica en el sentido clásico de la palabra, y eso es bueno. Creo que aquí hay una oportunidad de construir, por supuesto de crear, pero sobre una reflexión profunda de unos eventos críticos que le permite a uno pensar sobre la vida, sobre los seres humanos, sobre la guerra, sobre la paz”.

 

“La investigación que hay detrás del libro es sumamente seria, porque alcanza a recoger aspectos que estaban silenciados en la historia de Colombia; y es un primer valor que anoto en el libro, que se mete en esos silencios de la forma como se construyó el canon de la historia colombiana y los devela, vuelve y saca. Eso ha sido lo que durante los dos últimos años un grupo de personas en diferentes instituciones del Estado, públicas o privadas, hemos estado tratando de hacer con el Bicentenario”. 

 

“Creo que lo que está sucediendo este año del Bicentenario es que más allá de conmemorar 200 años, que de todas maneras es importante, el gran evento es un evento de memoria, y aquí quiero hacer el puente automáticamente al libro, porque yo creo que este es un libro de memoria, por diversas razones. Fermín, que es la primera persona en el libro, está escribiendo memoria, y está contando en una parte del libro la memoria que le cuenta Cayetano. Ese libro es memoria pura, la memoria de dos vidas que presenciaron cantidades de otras vidas, que se van a convertir en la base de 200 años después pensar desde la memoria lo que fueron esos 200 años”.    

 

“Este libro está profundamente conectado con el interés de fortalecer nuestra memoria sobre los eventos de hace 200 años, que son eventos fundadores, el libro apunta directamente en esa dirección; narra, con lujo de detalles, de una manera muy particular, esos eventos que siendo fundantes, son importantes porque nos responden preguntas, las preguntas que se hicieron los autores”.

 

“Es una narración muy viva, llena del dolor de Cayetano, un enfermero rodeado de enterradores, y que va batalla tras batalla recorriendo todos estos territorios con el deseo de regresar a su tierra, el deseo de tratar de vivir en paz en un mundo que se estaba desmoronando, en la violencia de ese desmoronamiento, en las irracionalidades de la guerra, contadas desde un enfermero y desde un enterrador. Es impresionante. Está toda la sucesión de las batallas, y una habilidad que les envidio, de poder ir infiltrando el personaje con los actores de los hechos históricos reales, y colocarlos en el momento exacto. Eso supone erudición, para poder decir, ‘yo tengo que colocar a mi personaje en este sitio para que pueda haber conocido a este otro y que funcione’, y funciona, funciona perfectamente en la novela, tanto en la primera parte como en la segunda. Es hilar, en el sentido artesanal de la palabra, los eventos con la trama. Pero no es solamente el ejercicio técnico de saber colocar en el sitio preciso a una persona y rodearla de quienes históricamente está documentado que estuvieron ahí; es hacer la reflexión alrededor de eso; es saber colocar, por ejemplo, al enfermero Cayetano en la batalla del Pantano de Vargas junto al Coronel Rook y seleccionar la herida en el brazo de Rook, que es lo que lo hace héroe, pero narrarlo en clave de la tragedia, de la sinrazón de un brazo que se separa del cuerpo y que se entierra separado del cuerpo, y lo que eso significa de horror para las personas que lo están viendo, porque es la amistad y la admiración del enfermero hacia el soldado inglés (sic) lo que realmente vale la pena ahí, y no simplemente decir ‘es el gran héroe que salvó la patria con la carga final que hace sobre los ejércitos españoles’,  lo que de todas maneras esta diciendo también. Eso nos permite hacer preguntas, que es la reflexión que yo quisiera hacer a partir de esta lectura, de eso que paso ahí, que es lo que a mí me motiva, que es lo que a mí me atrae, que es lo que a mí me lleva a buscar en esas situaciones y en esos personajes respuestas a lo que yo estoy buscando. Los autores dirán después qué era lo que estaban buscando. Yo, como lector, lo que empiezo a encontrar es, por supuesto, el cansancio del enfermero ante la sinrazón permanente, pero también la lealtad a su oficio, a salvar vidas, la frustración de tener que enterrar más de los que salva, y por lo tanto una muy profunda pregunta en nuestro pasado: la violencia. La novela es actual, siendo fiel a la época, porque lo que es actual es la pregunta, lo que es actual es el afán de encontrar una respuesta, de construir a partir de la búsqueda. He hablado más de Cayetano que de Fermín, lo cual quiere decir que me gustó más Cayetano que Fermín, pero ese es mi derecho como lector”.

 

“Cómo hacernos preguntas, insisto, cómo respondernos con base en un profundo conocimiento de época, pero también con un gran conocimiento de la naturaleza humana, es lo que está en este libro. Estas son las razones que me llevan a decir que para mí es un buen libro. Y es un buen libro de historia. Tal vez sea una buena novela, eso que lo digan los que saben de novelas. Es un buen libro de historia por dos razones: porque respeta una lógica de los sucesos, es más, se preocupa porque esos sucesos estén colocados bajo una lógica, y seguirla le permite a uno entender en gran forma y de una manera sencilla toda la complejidad de esos años que corren entre la conjura de los pasquines de 1794 y ya la Gran Colombia en los años 20; y que el final de la Gran Colombia coincida con el final de Fermín”.

 

“Los mas de 40 años que transcurren a lo largo de esta novela están perfectamente hilados, sin caer en la trampa de orden cronológico. La novela comienza por el año 12, va hasta el 19 y retrocede hasta antes del noventa y pico. Para mí fue interesante hacer cálculos todo el tiempo, fue entretenido. Se rompe esa lógica cronológica, pero se respeta el orden de los hechos, y eso es importante en un libro de historia, no hay que confundir cronología con tiempo”.

 

“El libro está construido sobre la vertiginosa rapidez de la guerra. Es lógico en la sucesión entre fracasos y triunfos, particularmente en lo que tiene que ver con la figura de Bolívar.  Es muy interesante cómo el Bolívar que está ahí no es un Bolívar sobre expuesto, no es un Bolívar que atosiga, no es un Bolívar que ahoga por estar omnipresente en la novela; ahí está pero con una gran cantidad de personajes que lo rodean. El libro intenta ser justo con algunas figuras históricas que han sido silenciadas o juzgadas de una manera increíble”.

 

“Segunda razón por la cual es un buen libro de historia: porque reflexiona sobre la condición humana, porque es profundo. Un mal libro de historia es el que simplemente cuenta unos eventos. Un historiador es el que es capaz de, con esos eventos, construir una reflexión, hablar del ser humano, yo creo que de eso se trata… No es sólo la exactitud con los eventos, es profundidad en la visión histórica, lo que termina haciendo un libro clásico sobre un libro simplemente de historia, es lo que le da valor, y es lo que encuentro en esta novela”.

 

Germán Mejía Pavony es historiador, profesor de la Universidad Javeriana y Asesor del Programa para la Conmemoración del Bicentenario del Ministerio de Cultura de Colombia.
 

 

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Por Gustavo Páez EscobarEL ESPECTADOR, 2 de junio de 2010

"Los escritores colombianos Alfredo Arango (residente en Estados Unidos) y Juan Lara (en Colombia), abogados los dos y ambos nacidos en 1959, tienen el acierto de encuadrar su novela La perniciosa incertidumbre, Memorias de Fermín Donaire, dentro de los actos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia.

 

La obra fue publicada en forma conjunta por las editoriales Planeta y Puente Levadizo. Se trata de un trabajo serio y atractivo que se realizó tras una rigurosa investigación de los sucesos guerreros que dieron origen a la libertad de los pueblos latinoamericanos. Uno de los autores, Alfredo Arango, no ubica el trabajo en ningún género preciso, por confluir en él crónicas, memorias, relatos de viajes, historiografía, poemas, ensayo.

 

Considero que se trata de una novela con fondo histórico, manejada con otros recursos literarios, que con buena fortuna han empleado sus autores. Obra que por moverse entre la ficción y la realidad (en muchos pasajes no se distingue la una de la otra) puede catalogarse como novela. Con todo, predomina el hecho histórico, contado a dos voces: una es la de Cayetano, enfermero patriota que recorre los campos de batalla junto con una legión de sepultureros, y que a lo largo del tiempo vive una ardiente pasión amorosa que anima el ánimo del lector; y la otra, la de Fermín Donaire, jurista, poeta y escritor (como los propios autores), que escucha la narración de Cayetano y la recoge en las largas memorias plasmadas en el libro.

 

Son ellos los protagonistas centrales de la historia, y no puede determinarse si se trata de seres reales o ficticios. Para el buen lector, son seres vivos que se encargan de transmitir a los nuevos tiempos la temperatura de los sucesos épicos y crueles, movidos por una violencia atroz, que marcaron las gestas libertadoras.

 

A Fermín Donaire se le hace aparecer como el discreto secretario privado de Nariño, incluso con anotación de los años de su nacimiento y de su muerte (Santafé de Bogotá, 1776 – Guaduas, 1850), lo cual resulta creíble o probable.  Esa es una de las artes que debe saber emplear el buen novelista. Y al enfermero Cayetano se le siente actuante en toda la lectura del libro, de la misma manera que ocurre con Fermín. Son personajes ciertos, en permanente acción,  aunque pertenezcan a la invención de los autores.

 

En cualquier forma que fuere, ellos transmiten las historias macabras de manera dinámica y veraz, y de eso se trata. El lector se siente en pleno campo de batalla. Son muchas batallas dantescas que se agitan entre ríos de sangre y horripilantes acciones, en los terrenos abruptos de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia. Naciones que, pretendiendo emancipar Bolívar bajo una misma hermandad y unos mismos ideales, hoy se enfrentan con distintos intereses y enardecidas hostilidades. La guerra continúa.

 

Aunque son los gobernantes, y no los pueblos, los que abrigan ese ánimo pugnaz, y no en todos los casos existe la misma disposición para el conflicto. Si Bolívar viviera, tendría que llorar sobre la obra construida en sus titánicas contiendas. El tributo que hoy le rendimos está oscurecido por la rivalidad entre hermanos.

 

El jurista y el enfermero de la novela –sobre todo este último– encarnan a la cantidad de seres ocultos que abundan en todas las guerras. Son personas anónimas que se desvanecen al lado de los próceres y que, por eso mismo, son ignoradas por las páginas relucientes de la Historia. Los historiadores, en general, que se encargan de repetir a lo largo de los años los mismos episodios conocidos, no se detienen en gente del común, en actores sin nombre. Poco les interesa exhumar de las fosas del olvido a otras figuras heroicas que, como Cayetano, Fermín, Polonia o Candelo, también forjaron la grandeza de una nación.

 

La obra se lee con interés constante (principal ingrediente de la novela) y se aprecian en ella la pericia y el empeño de sus autores por revivir la Historia con nuevos y novedosos enfoques".


Gustavo Páez Escobar es critico literario, novelista, columnista del periódico El Espectador.
 

 

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Por Julio César MayaEL COLOMBIANO, 4 de julio 2010

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"Un personaje bicentenario, Fermín Donaire es un desconocido jurista, un patriota y un escritor colombiano que vivió entre 1776 1850. ¿Existió verdaderamente? ¿Es una ficción? No lo sabemos, quizá sea un seudónimo que usó para proteger su identidad.

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Alfredo Arango y Juan Lara se presentan como editores de La Perniciosa incertidumbre. Memorias de Fermín Donaire, y como los últimos que tuvieron acceso al manuscrito original de la obra, antes de que ésta fuera consumida por las llamas en la cruenta toma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985.

Recrea la vida del poeta y conspirador, cuya existencia estuvo marcada por los extremos, por el fuego de su intensidad amorosa, por el ímpetu en la batalla, por sus secretos.

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Una obra editada por dos autores colombianos que viven en distintos países –Arango, en Estados Unidos, y Lara, en Colombia-, que le dedicaron un buen tiempo a esta investigación. Se habla aquí de un personaje posible (o imposible), que fue secretario privado de Antonio Nariño. Un volumen editado por Planeta y Puente Levadizo, que se convierte en un relato estremecedor de las guerras de independencia de América Latina".

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Julio César Maya es uno de los colaboradores de la sección de obras recomendadas “Leer, ver, oír”, en el periódico El Colombiano de Medellín.

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Comentarios de Hugo Ardila Ariza, durante un conversatorio en la Biblioteca Luis Angel Arango, en Bogotá.


“La novela da la oportunidad de recordar lo que el país ha olvidado, una generación que, con sus límites, empeñó su vida, su proyecto vital a una causa en la que creyó.  Ahora se tiende a ver el proceso independentista como un hecho marginal y como si detrás de cada uno de esos hombres hubiera una actitud mezquina. Es una especie de sociología de la historia tan precaria, terminan reduciendo lo que fue una epopeya, lo que los autores [de La perniciosa incertidumbre. Memorias de Fermín Donaire] muestran como una epopeya en todo su drama, otros lo vuelven un hecho mezquino de clases privilegiadas y de élites. Creo que esa es una concepción de la historia bastante precaria, porque una cosa es jugarse la vida en un proyecto de guerra, y otra cosa es 200 años después analizar eso con la frialdad propia de los que no saben lo que significa una guerra”.

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“Lo otro que me llama la atención es que la novela entiende el valor de la guerra como hecho histórico desde una crítica fuerte a la guerra todo el tiempo. Muestra cómo eso que en un momento determinado fue glorioso, constituyó luego la tragedia del país hacia delante, la incapacidad para solucionar los problemas de otra forma que no fuera a través de la guerra. Veo en la obra una crítica muy fuerte a la guerra. Sin embargo, se reconoce el hecho histórico de la guerra, se reconoce que en ese momento la guerra era el hecho sine quanon para obtener un nuevo momento histórico".

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“La memoria que los autores recuperan, hace que uno se sienta metido  en la historia de manera extraordinaria. Los personajes asumen con tal entusiasmo la historia, que uno entiende que además de una reconstrucción, hay una aproximación literaria a lo histórico, en la que ya no importa saber si un hecho fue literario o fue histórico. Es una reconstrucción literaria de la historia en la que en un momento determinado poco importa saber si algo fue cierto o no, porque uno cree que efectivamente fue cierto”.

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“Hay una tención narrativa muy fuerte y momentos en los que hay una liberación maravillosa, los autores comienzan a pensar casi de manera metafísica la historia, el destino humano y la libertad, pero todo está acompañado de una belleza en el lenguaje  extraordinaria, tanto que me sorprende, porque conozco a los autores y veo una transformación muy fuerte de su escritura; todo lo anterior que yo conozco de ellos es diferente a esto.  Aquí veo una capacidad de síntesis, pero además veo una elaboración poética muy fuerte, que yo como escritor siento admiración por eso”.  

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Hugo Ardila es cuentista, novelista, crítico, profesor de Filosofía de la Universidad Santo Tomás.  

 

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Comentarios de Miguel Angel Herrera durante el conversatorio en la Biblioteca Luis Angel Arango

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“En ‘La perniciosa incertidumbre. Memorias de Fermín Donaire’ percibo el esfuerzo por enfrentarse a un trabajo novelístico dos personas… Es un desafío, porque es atreverse a poner en común reflexiones, pensamientos que de todas maneras parten de seres singulares.  Los autores se disponen a cruzar entre sí una experiencia de correspondencia. ¿Qué es eso de corresponder? Es responder uno al otro, están en una correspondencia, y en esa correspondencia se va armando un relato, un relato que está hecho de muchos relatos. Hay una ruptura evidente en el siglo XX de la preocupación de referir a un autor específico en singular, con el temor o con la celebración digamos egoísta de ese ejercicio.  No hay tal en ese caso.  Ese es el tipo de interrogante o de indagación con la cual se despierta el entusiasmo por la experiencia y por el producto. ¿En qué sentido? En el sentido de que ese es un acto, hasta donde yo capto, de amor. Es un acto de amor porque supone compartir dos lo que normalmente no compartirían si no se ponen en comunión, para decir cada uno lo que considera que es importante”.

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“¿Cómo encaran la historia los autores cuando se colocan en esa común experiencia donde no renuncian a la singularidad de cada uno para construir un ejercicio colectivo.

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Desde mi perspectiva, desde mi inquietud, desde las preguntas que yo me hago, como cada quien se hace las propias, la obra tiene una novedad y es la de enfrentarse con un gran tema que define una nueva historia, y es precisamente enfrentarse con los seres humanos que normalmente no tienen voz, los seres humanos que normalmente aparecen como vencidos o vencidas, esos a los que ha aludido la poesía, por ejemplo Bertolt Brecht, cuando se pregunta quiénes fueron los que levantaron las no sé qué y las sí sé más(*). Pero aquí se les da una identidad a esas personas de carne y hueso, de tal forma que se pueda decir:  ‘aquí está este afrocolombiano, o aquí está este indígena, aquí está cada uno de esos seres que vive, que experimenta, que se hace partícipe de esa historia, y que es una apuesta a la vida en medio de la muerte, pues es un escenario atravesado por esa condición trágica. Ahí se perfilan seres creíbles, seres discernibles, que nos permiten a cada uno de nosotros vernos en la complejidad que cada uno es. Esa es la prueba que tendría que pasar la novela, y que no veo que las otras en concreto y en el marco del Bicentenario se atrevan. Por ejemplo, está [la novela sobre] la recreación de Antonio José de Sucre, de Mauricio Vargas, y hasta donde escucho tiene éxito, ¿pero cómo se lidia con los seres anónimos?   Tiene que haber una suerte de anonimato, de segundo plano, de bambalina en los propios escritores, que haga posible ese acercamiento a esa sensibilidad, a esas emociones, a esas pasiones, que les permita o no hacer sonar esas cuerdas; y si eso efectivamente sucede, le dará importancia y significación a este trabajo de La perniciosa incertidumbre, que en mi caso me permite hablar de subalternidad y literatura, por medio de estos seres de carne y hueso recreados en la ficción; los cuales nos permiten formularnos la pregunta de si Colombia ha hecho realmente el tránsito de la minoría de edad a la mayoría de edad. Esa es la indagación. En ese sentido, esta obra es una pedagogía superior, porque la verdadera pedagogía es aquella que es capaz de llegar a cada ser en concreto, tiene que ser táctil, un goce de lo sencillo, en la tragedia o en el carnaval”.

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(*) “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?” , B.B.   

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Miguel Angel Herrera es crítico, ensayista, autor,  profesor de ciencia política de la Universidad Nacional de Colombia.  

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Comentario de Rubén Jaramillo Vélez durante la presentación de la novela en la librería Magisterio:

“Yo pienso que un estudiante de bachillerato, que ha visto la materia de historia, al leer la novela todo se le vuelve vivencia, muy refrescante. Me resultó, por ejemplo, extraordinariamente patética la descripción de Boves, me hizo pensar en una novela histórica muy importante que es ‘Las lanzas coloradas’, de Arturo Uslar Pietri, pensé mucho en esa misma violencia que él describe ahí”.

Rubén Jaramillo Vélez es profesor de filosofía de la Universidad Nacional, autor, ensayista, traductor de pensadores y poetas alemanes, dirigió la revista ‘Argumentos’.

 

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Comentarios de John Jairo Quevedo durante el lanzamiento de la novela:

 

“A lo largo de estas páginas se corrobora por qué no resulta exagerado afirmar que la violencia y los conflictos sociales que afectan actualmente a Colombia tienen su origen en una época caracterizada por la intensidad, la crueldad y el ensañamiento con que se libraron las batallas entre el ejército libertador y las tropas españolas. Con un estilo  entretenido que recrea el ambiente y el lenguaje de ese entonces, los autores de esta fascinante novela, Alfredo Arango y Juan Lara, hacen desfilar sucesos, personajes y episodios, algunos muy recordados y otros casi olvidados por las nuevas generaciones, mezclados con una bien manejada ficción que da soporte a toda la trama del libro”.

 

John Jairo Quevedo es Director de Gestión Corporativa y Placismo, de Editorial Planeta Colombiana.

 

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Comentarios de William Cruz Suarez durante el lanzamiento de la novela:

 

“Puente Levadizo es un grupo de amigos que  ha querido eso, un puente levadizo que es muy difícil que se lo coloquen a mucha gente para que pueda hacer lo que quiera, para que pueda mostrar cómo es su trabajo, para que los reconozcan, no sólo por lo que hacen sino por lo que quieren hacer. Y eso lo digo porque tengo que presentar a un par de buenos amigos, compañeros universitarios y un par de personajes que me dieron una lección de tolerancia, de compañerismo a lo largo de estos meses, en una cosa que si vieran ustedes la cantidad de correos que generaron en estos meses, diez, quince correos diarios. Yo me imaginaba: si ese trabajo de comunicación fue el que utilizaron para realizar a cuatro manos una novela, el uno en Miami y el otro en Bogotá, el uno perdido en una función que poco le gusta pero que hace muy bien -que es la del derecho-, y el otro, un abogado que pudo separarse del ejercicio del derecho y ser periodista y escritor en un mundo que no es el suyo, que es el mundo ese aséptico y extraño de los Estados Unidos, y de Miami especialmente; dos personas que se toleraron sus ideas, que han tolerado sus opiniones, y que encontraron estos manuscritos, no en ningún baúl, sino que estaban en la imaginación de ellos, porque cuando aquí dice: memorias editadas por Alfredo Arango y Juan Lara, es la primera ficción de esta obra, que es una novela. No es que fueron editadas, ellos simplemente, como dos personas que tienen mucho conocimiento, porque de verdad hago aquí elogio expreso del conocimiento que tienen no sólo de la escritura sino de la historia colombiana, a partir de eso construyeron el libro; y quien diga: – ¿y dónde estaba el manuscrito?–, no, el manuscrito estaba en la imaginación de dos personas que fueron capaces con ese conocimiento de plasmar en quinientas paginas lo que Germán nos ha explicado esta noche. Seguiremos trabajando con esa relación que tienen ellos dos, Alfredo y Juan, a través de esa cosa abominable que es el Internet. Todos los días se escriben, todos los días se pelean, todos los días se corrigen, y todos los días producen alguna cosa. No se cómo lo hacen. Yo he visto a las pianistas y los pianistas que a cuatro manos interpretan alguna cosa, pero dejar una obra así, como ésta, es algo que yo, de verdad, me siento orgulloso de haber podido lograr: que con el trabajo de ellos pudiéramos llegar a presentar hoy estas dos cosas, el libro y Puente Levadizo”.

 

“He apoyado este proyecto editorial porque  considero que esta novela llena un vacío en el mundo de la literatura colombiana, en la cual abundan los casos de novela histórica pero en la que no son frecuentes los casos de novelas como el que representa esta obra, en la cual prevalece la ficción sobre el documentado fondo histórico, que sirve de entorno para dar relieve a su trama y para dar retrospectivamente significado a una realidad que aún domina la política, los valores humanos y los conflictos sociales que vemos a diario”.

 

William Cruz Suárez, Presidente de Editorial Puente Levadizo, miembro de las juntas directivas del Teatro Nacional y del Festival Iberoamericano de Teatro.

 

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Comentario de Luz Helena Cubillos Alarcón, al publicarse la novela:

 

“Es un proyecto literario y editorial hermoso y emocionante, que aún antes de salir a la luz ha recibido mucho apoyo por parte de artistas, críticos y culturales. Creemos que esta obra causará un impacto enorme en el mundo de las letras a nivel nacional e internacional”.

 

Luz Helena Cubillos Alarcón es Gerente General de la Editorial Puente Levadizo

 

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Comentario de Astrid Galán durante la producción de la obra:

 

“Pinto campesinos porque nací y me crié en los campos de mi patria. Para esta serie en particular me he inspirado en la novela La perniciosa incertidumbre, Memorias de Fermín Donaire, porque en ella se narra el gran aporte de los hombres y mujeres más humildes de nuestros campos, que dieron sus vidas en los ejércitos libertadores para nuestra libertad. Doscientos años después, he pintado con orgullo a esos héroes desconocidos”.

 

Astrid Galán es una pintora y escultora colombiana; y fue la autora del cuadro usado para la portada de la primera edición de la novela, así como de las ilustraciones en el interior de la misma.

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© 2020 by Alfredo Arango. 

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