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En tierra derecha - Jose Alejandro Cuffi

Photo by Jose Alejandro Cuffia @alecuffia

Interview

‘En tierra derecha’, la novela hípica arranca del partidor 

 

Por Colombia Páez*

 

En medio de una ya preocupante insistencia en historias sicariales y prostibularias, surge en Colombia una novela diferente, fresca y contundente: En tierra derecha, de Alfredo Arango y Guillermo el Mago Dávila. A esta obra con toda propiedad se le puede llamar novela hípica. Su trama, o mejor sería decir sus tramas, y personajes giran alrededor del hipódromo, del restaurante el Triguero que hace honor a un legendario caballo campeón que existió realmente, y muchos otros lugares relacionados de una u otra forma con las carreras de caballos. Sobre su argumento complejo y su técnica novedosa habla en esta entrevista uno de sus autores.

 

COLOMBIA PAEZ: En tierra derecha narra infinidad de historias, hay una gran cantidad de personajes, los protagonistas están muy diluidos, si es que los hay. ¿No corre el lector el riesgo de perderse; o mejor dicho, no corren ustedes el riesgo de perder al lector? 

 

ALFREDO ARANGO: Es como armar rompecabezas, que no se llaman así gratuitamente. Ciertamente el lector corre el riesgo de fatigarse y abandonar la lectura. Sucede igual con el matrimonio, con la crianza de los hijos, con la honestidad, o con la fe... en cualquier momento puedes cansarte y tirar todo por la borda, creyendo así salvarte, cuando en cualquier bulto que botaste podía ir la brújula que necesitabas para encontrar tu rumbo en el océano. Quienes tengan la paciencia de armar las primeras tres o cuatro fichas en este rompecabezas, descubrirán que es divertido y serán ampliamente recompensados. Para compensar la complejidad en cuanto al número de historias, existe el hecho de que los personajes y situaciones son cotidianos, no hay elaboraciones filosóficas o psicológicas difíciles, ni un lenguaje encumbrado o cifrado. En este sentido la novela es de una gran claridad, es muy simple, cualquiera la arma, la entiende y le apuesta.

 

CP: Cada capítulo comienza con un personaje distinto hasta el final. ¿Cómo logran desarrollar y concluir todo?

 

AA: En la narrativa de la vida real no todo se desarrolla, ni concluye. En la vida, a diario ves cruzar por tu camino una multitud de desconocidos, y en cualquier de ellos para bien o para mal puede estar cifrado tu destino, aunque después no sepas qué pasó con esa persona. Es así hasta el final. A diferencia de la vida campesina o provincial, en las grandes ciudades inclusive en el momento de tu muerte estás conociendo gente, es muy posible que al cura que te da la extremaunción lo conozcas mientras agonizas, igual a la enfermera y al médico. Y ellos no se desarrollan, ni concluyen en tu historia; concluyes tú. Ellos son personajes prestados de otra historia, de otras novelas que quizás no se escriban nunca. La literatura o el cine, ni siquiera la historia como disciplina académica, intentan dar cuenta de todo, sino sólo de instantes reveladores, como la pintura o la fotografía. El detalle te da idea del todo. El detalle se convierte en un mundo en sí mismo.    

 

CP: Esa multitud de historias no son cuentos, ni anécdotas deshilachadas.

 

AA: En efecto. El cuento es una unidad sellada, un universo que no necesita de otros cuentos para existir. La anécdota por muy divertida o educativa que sea no alcanza a tener la profundidad de contenido, ni el arte en la narración, que tiene el cuento. Estas historias de En tierra derecha se van desarrollando y complementando, tejiéndose, algunas terminan mientras que la obra sigue. Este trabajo no es una acumulación de relatos. Podemos llamarle novela, por la interrelación de las partes en un argumento progresivo e interactivo con el lector, un tapiz que tienes que ir desenrollando para entender sus estampados y asignarles tu propio significado.

 

CP: A veces uno siente que el verdadero protagonista de la novela es el caballo.

 

AA: Así es. Nos gusta pensar que somos los únicos protagonistas de la historia de la humanidad. Los caballos no dirían lo mismo, claro, si pudieran hablar.

 

CP: No es fácil escribir una novela, menos a cuatro manos, sin conocerse bien y viviendo en diferentes países. ¿Cómo hicieron?

 

AA: Cuando se tiene mucho qué decir, experiencia en el manejo de la palabra escrita e intereses similares, no es difícil. Con el Mago nos conocimos hace apenas unos meses, pero reconocimos inmediatamente tener mucho en común, tanto en vivencias como en aspiraciones. Lo que empata a la gente no es el mucho tiempo ni la cercanía, sino las circunstancias. Nuestro encuentro fue propicio para la creación.

 

CP: Quiero insistir en que expliques la estrategia de trabajo, porque sé que la novela no fue resultado de entrevistas tuyas al Mago, por ejemplo al estilo de Poniatovska con sus personajes.

 

AA: Correcto. El Mago ciertamente me datió, me contó muchas de las historias que se narran en la novela, pero también escribió fragmentos de la misma, sólo que lo hizo hace cuarenta, o treinta, o veinte, o diez, o cinco años, en artículos de prensa; muchos de los cuales se incorporaron de diferente manera. Todo eso junto a mis propios recuerdos, a mis propias historias que he vivido, o que me han contado otras fuentes consultadas, incluyéndote, porque por ejemplo incluí ese personaje de Patria, tan tierno, que es la historia real de alguien a quien tú, Colombia Páez, conoces muy bien. Todo eso más una investigación histórica exhaustiva, forman parte del material de la obra, sin contar las historias fantásticas, que son muchas. Por otra parte, el correo electrónico fue clave para ir intercambiando impresiones, para aumentar y modificar los textos, y sobre todo para mantener el entusiasmo necesario durante la creación y la producción. La tecnología maravillosa nos ha facilitado este esfuerzo, que antiguamente hubiera significado años de intercambio epistolar o de tertulias.

 

CP: A propósito de tiempo, di cuánto duraron escribiendo esta novela.

 

AA: Poco más de un mes, pero como dije antes, algunos fragmentos del Mago fueron escritos hace décadas. Otras historias las tenía yo en el corazón punzando para ser narradas. Así que eso del tiempo es relativo. El parto dura unas horas o unos minutos, la gestación es otra cosa, que incluyendo la gestación mental puede durar muchos años.

 

CP: Un mes...

 

AA: Sí, sobre todo los periodistas -y ambos lo somos- nos acostumbramos a escribir rápido, a cumplir con deadlines increibles. Puedes escribir una buena novela en cuestión de días, Dostoyevski probó eso con El jugador hace mucho tiempo. También puede tomarte décadas. Son diferentes formas de abordar el trabajo.

 

CP: A propósito de Dostoyevski y su personaje de un jugador empedernido, en esta novela En tierra derecha hay muchos apostadores empedernidos, fracasados. ¿Fue el autor ruso una influencia? ¿Qué influencias reconoces en esta novela?

 

AA: Yo reconozco influencias de todo lo que he leído, aunque la verdad no recordé al maestro ruso y su jugador al momento de escribir En tierra derecha. Más bien soy muy conciente cuando escribo de ciertas enseñanzas de Borges, como la eliminación de artículos innecesarios, o el trato tan personal de los personajes, como si de verdad los hubiera conocido, al punto de admirarlos o despreciarlos. Reconozco influencias de la poesía de Juan Lara, muchas influencias del cine y de la pintura, y por supuesta de la música que está tan presente en esta novela. No sé si se pueda considerar influencia que mientras escribía escuché obsesivamente a Santana y a Shakira.

 

CP: ¿Y García Márquez o León de Greiff, los cuales aparecen en la novela?

 

AA: La literatura es también homenaje. Dime si la Iliada no es un gran homenaje a los militares que pelearon la guerra de Troya. En tierra derecha es entre otras cosas un homenaje a muchas personas reales, por eso aparecen en la obra con nombre propio, como el caso de esos dos escritores que tanto quiero y que en el caso de García Márquez fue compañero de trabajo y amigo del Mago, al punto de que Gabo lo incluyó en sus memorias. Mencionamos a los periodistas hípicos de la época, a jinetes legendarios, a Carlos Gardel o a la Reina Isabel, dos grandes aficionados a los caballos, a mucha gente. Hay inclusive homenajes secretos. Gabo y De Greiff no fueron influencias de estilo, sino influencias de vida, autores cuya obra lo ha impresionado a uno profundamente, por su lucha, por su significado, igual el maestro Andrés Holguín, otro hípico que también aparece ahí.

 

CP: También incluyen a mucho miserable.

 

AA: Si Víctor Hugo hubiera sido latinoamericano, su novela Los Miserables hubiera sido interminable, cien volúmenes. Nuestra historia, nuestra sociedad está repleta de miserables, de sinvergüenzas, de bandidos a todo nivel. No podíamos hacerles el favor de dejarlos por fuera.

 

CP: Y también incluye muchas víctimas de la injusticia, sin embargo no llega a ser una novela política o social.

 

AA: Correcto, no pretende serlo, no se escribió para tirar línea, ni afiliarse con nadie.

 

CP: ¿Qué pasó entonces con la idea del escritor comprometido?

 

AA: El escritor, el periodista, acuérdate que como tú, el Mago y yo somos también periodistas, debe estar comprometido con la verdad, no con ningún partido, grupo, gobierno, secta o guerrilla, sino con la verdad, a la cual sólo se puede llegar confrontando versiones; es decir, en el ejercicio de la imparcialidad, que se logra registrando las voces y las razones encontradas de todo el mundo. También puede ser ésta una maña que me quedó de mi condición de abogado, de los careos en que cada cual alega una versión distinta de un mismo hecho.

 

CP: ¿Puedes ilustrar ese punto?

 

AA: Sí, por ejemplo en la relación entre Marco Antonio y Emilio, cada uno tiene sus razones muy poderosas para llegar a lo que llegan, podrías justificarlos o condenarlos a ambos; igual los detectives que dan cuenta de los carniceros, depende desde qué esquina los mires, puedes verlos como justicieros necesarios o como otra forma de delincuentes. No puedes poner un dedo en una llaga y ocultar otras. Aquí es todo o nada.  

 

CP: ¿Por qué Bogotá no tiene nombre en la novela?

 

AA: Quizás sea por la misma razón que Cervantes no quiso mencionar el lugar exacto de la Mancha donde ubicó a su Quijote; este es un lugar de América Latina. El viejo truco del nombre ficticio me pareció que no cabía en este caso. Ya bastantes nombres de personas hay, para además complicar la cosa con nombres de lugares. Me pareció más poético dejar los lugares sin nombre, aunque por ejemplo Cartagena donde el Mago creó un periódico con García Márquez, es un nombre muy poético, y Bogotá es una palabra muy enigmática.

 

CP: Finalmente, qué planes hay para el futuro. ¿Escribirán otra novela juntos?

 

AA: Con esta novela tenemos las manos bastante llenas. Hay que sentarse y saborearla con un cafecito. Tenemos que darnos tiempo y espacio para la tertulia y la crítica. Somos caminantes que parimos en una fonda. Amanecerá y veremos qué camino coger.

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(*) Colombia Páez es periodista, escribe para el diario El Nuevo Herald de Miami y fue en Colombia reportera política de Caracol y otros medios radiales.

 

Esta entrevista tuvo lugar en Miami en el 2007.

 

 

 

© 2020 by Alfredo Arango. 

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